El porqué de un internet con publicidad

 

Cuando en el año 1993 el investigador Jordi Adell en la Universidad Jaime I fue capaz de poner en marcha el primer servidor de Internet con acento español no podía imaginar en lo que se convertiría 20 años más tarde. Apenas hace unos días, y como consecuencia del confinamiento por la pandemia del Covid-19, las telecos que operan en nuestro país registraron el pico de consumo más elevado de la historia.

Internet no deja de ser un negocio, o una forma de hacer negocio y que el dinero circule cambiando de manos casi a cada segundo de conexión. Se paga por tener un punto de acceso a la Red en casa o en la oficina. Se paga por tener un dispositivo con capacidad para engancharse a esa Red y operar en miles de sitios webs. Se paga por comprar ropa, comida o accesorios, por leer y escuchar música, y también por ver series y películas en streaming.

Sin embargo, en Internet encontramos una cantidad infinita de información y entretenimiento a coste cero. Navegamos libremente por la red, nos nutrimos de gigas y gigas de información gratuita, a cambio de una sola cosa: permitir que se nos muestren anuncios digitales. Para poder ser un espacio libre, abierto y accesible para todos, Internet se financia con publicidad.

El precio de la información gratuita

El paradigma de la importancia de la publicidad como motor de negocio lo representan, por ejemplo, los medios de comunicación. Aunque muchos lanzan un servicio premium (pagar por poder acceder a la información), la realidad es que la mayoría de los usuarios no entiende un internet que no le permita acceder a la información de forma gratuita y sigue reclamando contenidos abiertos, para cuya existencia es fundamental la publicidad.

Todos somos conscientes de la principal desventaja de este sistema: suele ser frustrante para el usuario encontrar anuncios irrelevantes, sobre productos que no le despiertan ningún interés. Por eso es fundamental que Internet invierta en una publicidad personalizada.

La publicidad personalizada

Marcas, publishers y retailers tienen hoy infinitas posibilidades para conocer a sus usuarios y, con toda la información que puedan reunir sobre ellos, ofrecerles una publicidad online atractiva y relevante, que les muestre alternativas a otros productos que estén considerando comprar, o que les recuerde productos que ya tengan en mente adquirir, en lugar de mostrarles un contenido que jamás hayan consultado o que no tengan necesidad de comprar.

Si queremos que Internet continúe siendo un lugar abierto, tendremos que seguir viendo anuncios. Si estos nos interesan y nos aportan valor en nuestro proceso de compra, si se vuelven relevantes para nosotros, nuestra experiencia de navegación online no hará más que mejorar. Por lo tanto, digamos sí a un internet con publicidad, pero, sobre todo, con una publicidad personalizada.