La inteligencia artificial será el motor de crecimiento en Europa

 

Desde el principio de los tiempos al ser humano le ha tocado convivir con la incertidumbre sobre lo que le deparará el futuro. El progreso, por definición, debería traer siempre cosas buenas, pero muchas de ellas, por desconocidas, han generado temor.

En ese ámbito se mueve la IA (Inteligencia Artificial), que casi siempre se ha asociado con la robótica, que, de continuo, va sacando nuevos modelos que hacen que nos preguntemos si nuestro trabajo estará en riesgo o, incluso, si nuestras relaciones personales van a ser diferentes.

Sin embargo, no debemos olvidar que el espectro de actuación de la Inteligencia Artificial es realmente amplio. Desde ver Netflix a diario, con las sugerencias cada vez más personalizadas, a escuchar música en Spotify con nuestra lista de canciones favoritas. Las operaciones matemáticas las resolvemos a golpe de clic y para ser políglota solo hace falta tu smartphone.

Pocas cosas quedan ya en nuestra vida diaria que no tengan algún tipo de relación con la IA. La mayoría de ellas se desarrollan de acuerdo a unos estándares mínimos de ética y justicia y contribuyen al crecimiento económico. No son sustitutivas, son complementarias.

La IA no es solo el futuro, sino el presente de las empresas de éxito

Las empresas operan y compiten hoy en día de una forma diferente, atendiendo a distintos patrones marcados por la Inteligencia Artificial. Los clientes se ven beneficiados y retroalimentan ese bucle con sus demandas a las empresas de un mayor empleo de tecnología. Poder analizar y procesar miles de datos y diseñar soluciones relevantes nos permite alcanzar el efecto deseado: la satisfacción de los consumidores. Ese gran volumen de datos y combinaciones se aglutina bajo las mismas siglas (IA), pero con distinto nombre: Inteligencia Aumentada.

La Inteligencia Aumentada no es más que la tecnología que asiste en los procesos de toma de decisiones. Un ejemplo de ello son los diagnósticos médicos a gran escala para la detección temprana de enfermedades. Y tiene que ver también con la Automatización Inteligente, que se refiere, básicamente, a la automatización de procesos estándar en una compañía, lo que permite destinar el tiempo de los empleados a tareas más significativas.

En clave geopolítica, estamos de enhorabuena en Europa. Dependencia cero de Inteligencia Artificial desarrollada por otros países. Más bien al contrario, son los de fuera los que se ven en nuestro espejo buscando las claves de nuestro ecosistema digital, donde el talento y el emprendimiento florecen gracias a la IA.

Siempre con el férreo marcaje de los parámetros éticos señalados por la legislación comunitaria, pero que, en ningún caso, suponen un freno para que la IA se convierta en el motor del crecimiento europeo.

Los estándares para convertir la IA en el motor de crecimiento en Europa

Como sucede con cualquier legislación de cualquier otro sector, la preocupación pasa por evitar duplicidades o contradicciones entre lo que dice Europa como un todo y lo que dice Europa a través de cada una de sus partes, es decir, las distintas leyes nacionales en función del color político de cada gobierno estatal.

En lo que parece que sí que hay consenso es en considerar que la IA tiene un doble efecto beneficioso, ya que no solo beneficia a las empresas que recurren a ella sino que también favorece el desarrollo y crecimiento de todas aquellas empresas-clientes que acaban generando más empleo, objetivo último de las leyes en materia laboral.

Por eso, varias empresas basadas en IA nos hemos reunido, en torno a la European Tech Alliance, para d los principios que deberán guiar el enfoque de la UE sobre la Inteligencia Artificial durante los próximos años. Nuestra ambición es aprovechar al máximo el potencial del continente en la carrera tecnológica mundial para formar parte de la nueva Revolución Industrial. Tenemos todo lo necesario para convertirnos en líderes mundiales en Inteligencia Artificial. La misión de la Unión Europea ahora será tomar decisiones acertadas para permitir la innovación fijando una serie de estándares y niveles de regulación adecuados.