Octubre 16, 2018
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Plataformas de publicidad y su evolución

 

Dice la canción que 20 años no son nada. Pero no es cierto. Al menos para las plataformas de publicidad y marketing que han vivido una auténtica revolución en las dos últimas décadas gracias a la irrupción de Internet. El sector ha dado un giro radical hacia nuevos senderos de comunicación entre las empresas y marcas con los clientes y consumidores.

Es fácil imaginar cómo era el mundo antes de la llegada de las nuevas tecnologías a nuestras vidas. Anuncios impresos en la prensa de papel, vallas con grandes caracteres e imágenes por las calles y carreteras, los spots televisivos que acaparaban minutos de emisión…

La democratización de Internet, que ahora mismo alcanza al 50% de la población mundial, así como la llegada de otras herramientas como las redes sociales o los buscadores han obligado a un cambio de estrategia entre los expertos en marketing, convirtiendo esos departamentos de métodos tradicionales en innovadores digitales.

Las cifras son elocuentes. Facebook, segunda red social en crearse por detrás de LinkedIn, cuenta con más de 2.000 millones de usuarios. En cifras parecidas se mueven otras plataformas sin las cuales ya no dibujamos el paisaje de nuestro día a día como YouTube, Twitter o Instagram.

Lo que hace 15 años fue un fenómeno sin parangón como el blogging, es hoy algo que comienza a quedarse en desuso. Y quien no maneje conceptos y herramientas que ayuden al posicionamiento SEO y SEM es como si en los años 80 renunciase a abrir un escaparate en la calle Serrano de Madrid, por ejemplo.

Este gran cambio tiene que ver con el giro que los consumidores han experimentado. Ya no son meros sujetos pasivos dispuestos a ser bombardeados con decenas de anuncios durante un partido de fútbol televisado. Ahora son consumidores omnicanal y, mientras consumen televisión no renuncian, por ejemplo, a seguir utilizando su smartphone para consultar datos o aprovechar cualquier impás para realizar algún tipo de compra.

Esta nueva forma de vivir ha obligado a los expertos a aprender a segmentar a su público y a saber cómo discriminar el momento y el producto que mejor se adecúa a sus necesidades. En definitiva, una personalización que se opone de frente a los mensajes más generalistas que se ofrecían antaño.