STEAM. Cinco letras. Un acrónimo. Y un significado, traducido del inglés: Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas. El arte de programar es la asignatura transversal que debería aprenderse en todas las escuelas y universidades.

¿Por qué? Por múltiples razones. La primera y más importante por la bolsa de trabajo actual y la futura demanda. Según el informe Randstad sobre el impacto de la digitalización en el mercado laboral, más de un millón de personas dedicarán su tiempo a estas materias en especialidades tan dispares que van desde los videojuegos hasta la robótica pasando por el entorno 3D. Es decir, un abanico realmente amplio que abarca todo tipo de sectores.

Además, aprender a programar potencia valores como la creatividad, la resistencia, la competitividad o la capacidad para divertir. Permitirá que entendamos mejor muchos de los aparatos con los que tenemos una estrecha relación, como los smartphones o las tablets. Conociendo su funcionamiento, sabremos sacarles mayor y mejor provecho.

Los beneficios colaterales de aprender a programar

A juicio de los especialistas, el estudio de los distintos lenguajes de programática aporta a los alumnos (de todas las edades) muchos beneficios. A nivel de inteligencia matemática se mejora claramente en pensamiento lógico y resolución de problemas, y se amplía la capacidad de memoria. En la esfera lingüística nos motiva a buscar más y mejor información. Esto hace que ampliemos vocabulario y que seamos capaces de comunicarnos mejor.

En cuanto a las relaciones personales, saber programar también nos faculta para el trabajo en equipo, nos ayuda a entender qué significa el emprendimiento y nos descubre si tenemos seguridad en uno mismo o capacidad para el liderazgo.

Es, en definitiva, un despertar de nuestra, en ocasiones oculta, faceta investigadora, experimental, analítica y curiosa.

Dónde y cómo aprender a programar

Del mismo modo que quien quiera aprovechar las vacaciones para aprender a jugar al fútbol o a hablar inglés dispone de distintos campamentos con todo tipo de formatos, los que quieran aprender a programar también disponen de esta clase de oportunidades. En media geografía española (Madrid, Cataluña o Euskadi entre otros) se ofertan cursos y talleres de distinta duración y nivel sobre temas todos ellos relacionados con la programación, la codificación, los videojuegos y la robótica.

La situación excepcional de confinamiento también es la excusa perfecta para aprender a codificar sin levantarse del sofá, con propuestas como las de CodeAcademy, freecodecamp o Code Org, esta última para los más pequeños.

Aplicar lo aprendido

¿Qué ocurre cuando aprendes a codificar? Se abre ante ti un mundo de oportunidades laborales, pero también de retos interesantes. El pasado año la firma IBM organizó (también está previsto en 2020) el llamado “Call for Code”, que reta a desarrolladores de todo el mundo a que, mediante ese simple pero a la vez complejo lenguaje a base de combinar los números 0 y 1, se pueda dar solución o al menos prevenir catástrofes naturales como la que nos toca vivir de forma excepcional, u otras más habituales como terremotos, volcanes o inundaciones.

La codificación no es solo el futuro del trabajo, es el futuro del mundo en que vivimos.

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